Si
definimos las emociones como el problema entonces acabamos como la sociedad
representada en la película de Equilibrium, donde las emociones son suprimidas
con una droga y todo aquel que no tome la droga es considerado un rebelde y en
la mayoría de los casos se le otorga una pena de muerte. La vida de un
ciudadano común se convierte en fría, repetitiva y mecanizada, sin nada nuevo
que ofrecer.
Si
definimos las emociones fuertes como el problema entonces acabamos desechando
aquellas que mueven al ser humano, las que le motivan y causan revoluciones en
personas, grupos o hasta países. Remover eso sería vaciar la vida más de lo que
ya está.
Haciendo
los rodeos a un lado, el verdadero problema es que la mayoría de las personas
no controla, ni tiene intenciones de limitar, sus emociones. Esta es una de las
razones por las que definimos a personas como “reactivas”, en otras palabras,
responden a lo que suceden y dependen de cualquier cosa que haya sucedido. Es aquí
donde podemos cuestionar que tan libre es una persona si su voluntad se ve controlada
por emociones y actúa en función de las mismas, para después arrepentirse y
lamentarse por ello.
Un adulto
que esta fuera de control no es mucho mejor que un bebe berrinchudo que se
disgusta y llora por la más mínima incomodidad. El punto de crecer y
desarrollarse como persona es poder ejercer la capacidad de raciocinio conforme
a lo que los limites biológicos impongan. Nuestra especie sobrevivió gracias al
buen uso de su ingenio, sus emociones solo sirven para inhibir el pensamiento y
causar acciones irracionales.
No todas
las acciones irracionales son perjudiciales, la mayoría sí, eso no está a discusión,
pero hay un fenómeno muy específico que surge cuando un individuo se enfrenta a
un riesgo o una derrota certera y aun así se lanza al desafío. Se le llama
heroicidad. Esta persona se encuentra tomando decisiones difíciles porque
siente que es lo correcto y en verdad el mundo se vería beneficiado de tener más
personas así presentes.
Entonces se
puede desarrollar un método no solo para lidiar con el grave problema que
pueden causar las emociones, sino que al mismo tiempo se podría crear una generación,
o más, de personas que vivan enteramente como héroes propios de cualquier
cultura.
Finalmente,
la creación de héroes y de personas que no exploten por sus emociones se
remonta a algo muy sencillo: el control emocional.
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