16/Agosto/2018
A punto de comenzar una
tarea asignada, durante uno de mis ciclos de pensamiento, una de las varias
secuelas de una depresión pasada (y superada hace años) apareció. Su presencia
venia, evidentemente, acompañada de una carga emocional promedio [e ⊂ E, donde E es el set de todas las emociones que se pueden experimentar.
Siendo e el subconjunto especifico a los eventos a los que me refiero mientras
que i una referencia a algún elemento determinado, en su totalidad. Creando así
la siguiente circunstancia experiencial (Para 0≤i≤∀E) Σ e{i}/|E|]. Dado que es un promedio, es
solo una consecuencia y no una manifestación más del evento mismo ni una suma
experiencial. En fin, esto es algo que no sucedía frecuentemente, pero si tenía
una periodicidad irregular y que cedía con el tiempo, es decir, era parte de mi
vida, pero no la definía. Sin embargo, este día tuve una respuesta distinta a otras.
Otrora habría quedado afectado por minutos en ese estado mental (思), sin embargo, ahora estaba más diestro en
las artes del mindfulness que en eventos anteriores, esto es gracias a la dedicación
y compromiso que tuve a mi formación (Un esfuerzo con detalles y fallas, lo
admito, no se puede llegar a la perfección y aun así me hace falta entrenar
mucho tiempo. No me jacto de maestría a mi temprana edad). Por consecuencia,
note la aparición de la anomalía inmaterial desde una perspectiva
meta-consciente y me quede pasmado un momento a este reflejo de mi persona.
Durante esos instantes, me percaté de que en realidad no estaba viendo un
reflejo de mí, sino un reflejo de quien fui y quien ya no soy, por ende, no
estoy viendo nada. En nada más que momentos se desvaneció la experiencia. Como
si hubiese un panorama nublado o lleno de neblina y repentinamente dejara de
ser.
Lo cierto es que jamás había escrito ni hablado al respecto de la
frecuencia de las secuelas antes, por motivos enteramente personales.
Fundamentalmente, y exclusivamente hablo por mí en este caso, lo consideraba un
hecho tan vergonzoso como indigno de mí, ya que no tengo complejo de víctima y
no me enorgullece ser un “superviviente” ni nada por el estilo de un evento psicológico
de tal magnitud. Esta vez es diferente, no siento más vergüenza por ello porque
no me corresponde, ni tampoco me corresponden esas emociones, ni esos
pensamientos, ni siquiera esas memorias me construyen y por lo tanto ya no
tienen ni una presencia eventual en mi existencia mas allá de información de
referencia por su utilidad para empatizar con personas que estén o hayan pasado
dificultades. Me he sentido obligado (el término que busco, específicamente, es
“compelled”) a redactarlo porque es un indicador importante de mi progreso
personal y quizás, en algún momento, le llegue a ayudar a otra persona a salir
de una traba emocional. Lo que puedo decir, con certeza absoluta, es que ahora
soy un poco más libre que ayer.
Deber. Compromiso. Misión.
Por el Ryu de Mamba. Por Shodai. Por los Mambas, que saben quiénes son.
Notas post-anotación:
Estas notas estarán redactadas en un estilo más informal que el
anterior, sin referencias precisas que fueron quizás hasta confusas para los
que no manejen el mismo estilo de pensamiento que yo. Es necesario comprender
la magnitud de este evento, desde sus causas hasta sus repercusiones futuras.
Este tipo de comprensión no se puede adquirir simplemente leyendo el reporte anterior,
porque no he dado el contexto apropiado bajo el cual sucedió. No paso
simplemente “porque si”, no fue un accidente en absoluto, no se trató de un
brinco de intuición repentina que “solo yo” podría haber dado y nadie más. Esto
fue el resultado de un proceso que cualquier persona, lo suficientemente
dedicada, puede tener. Claro que habrá cosas específicas, pero eso no es lo
importante, lo que quiero que sea notado es la serie de principios que
interactuaron dentro de mi contexto para que esto se pudiera dar. Porque, además de ser un Mandamiento del Maestro
KAIZEN, los principios serán, seguramente, lo único que podrán aplicar para
ustedes. Afortunadamente, son también lo único que necesitan aplicar.
Lo que sucedió fundamentalmente fue una experiencia, o sea, algo
inefable. No me puedo referir con la misma exactitud rigurosa al evento, al
mismo que a otras cosas. Puedo utilizar palabras abstractas como “desapego”, “identidad”,
“reflexión” y “mindfulness” para indicar más o menos lo que ha sucedido, pero
no puedo dar a nadie un instructivo con pasos específicos para garantizar
cuando y como llegaran ahí.
El contexto más o menos es el siguiente… he tenido cambios radicales en
mi estilo de vida. Shodai ha cesado de ser en su manifestación física,
solamente nos quedan sus ideas a través de escritos, memorias y de material
audiovisual. Lo cual implica muchas cosas (más graves para otros que para mí,
desafortunadamente), entre ellas, el que no habrá más clases, por lo menos no
durante un tiempo. No discutiré la importancia personal al respecto, los que
tienen que saber esto tienen sus propios procesos personales y no precisan que
les explique nada para conocer el mío. Por otra parte, tuve un cambio de estar
en una institución académica a otra, que tomara bastante más tiempo que la
anterior y me coloca de regreso con el pueblo de nadie. Estando en este
contexto nuevo, me ha dejado bastante tiempo para organizar a mi manera, así
que opte por establecer hábitos mejorados de lectura y estudio y me he dedicado
a ello. Termine, de nuevo, El Misticismo del Sennin, comencé a leer el Tao Te
Ching, releí El Libro de Los Cinco Anillos (este tiene relevancia especial,
tenedlo en mente), continúe con Matemáticas e Imaginación y comencé el libro
asignado de El Perfil del Hombre y la Cultura en México. Aparte de ello me convertí
en mentor en Coursera de Teoría del Juego, seguí con mi curso de argumentación
y continúe con la serie asignada llamada The West. En cuanto al contexto
personal, no había tenido demasiados problemas, era solo cuestión de adaptarse
al nuevo ritmo, justo como predije, el mantenerme ocupado ayudo a mi salubridad
mental durante este proceso y ayudo a mejorar mis costumbres un poco.
Ese sería el contexto general, más o menos es lo que había transcurrido
alrededor de los días, el resto de las cosas generales son evidentes/deducibles
o intrascendentes.
Sin embargo, si hubo un contexto especifico bajo el cual esta
experiencia que definirá el resto de mi vida sucedió. Estaba, de hecho, en la
biblioteca, ya había establecido el hábito de invertir mi tiempo libre ahí leyendo
y estudiando. Estaba sentado en las mesas centrales, ocupando más espacio del
que necesito porque había de sobra en otras mesas para quien o quienes lo precisaran.
Me encontraba leyendo el último libro de los cinco anillos, el del vacío. Justo
al terminarlo, reflexione por un momento sobre su significado (esta ha sido la
lectura más productiva de que había tenido en mi vida, las anteriores no había podido
absorber mucho en absoluto, pero esta vez sí y bastante de todos los libros,
aunque no sucedió ese mismo día la lectura completa). Entonces fue cuando llego
la secuela emocional y comencé a sentir sus efectos, justo después sucedió lo
que describí en el inicio de esta anotación. Muchas cosas se habían acumulado
para que sucediera ese momento, muchos pensamientos, mucha atención, mucha formación
y muchos recuerdos y aplicaciones de las enseñanzas de Shodai. Pero la historia
de lo que sucedió no termina ahí. Esa experiencia fue el inicio de una nueva
capacidad, algo que jamás creí posible. Repentinamente, ahora era capaz de
disipar cualquier recuerdo emocional negativo y a todas las emociones que traía
consigo. Es por ello que lo considero como un tipo de desapego, el desapego al
sufrimiento del pasado que construía nuestra identidad y que de alguna manera
desarrollaba valor del mismo, a pesar de que hacía más daño que bien. Este es
un proceso que sigue hasta la fecha, tan solo tres días después y ya he
disipado toda clase de estupideces mentales que contaminaban mi existencia, no
solamente malas memorias sino también toda clase de resentimientos. Eso no
significa que ya no me “enoje” ni que nunca me sienta “triste” de ahora en
adelante. Lo que si significa es que ese tipo de cosas no ocasionaran un tipo
de trauma mental que traeré cargando siempre.
Me recuerda a la parábola del monje y del aprendiz, en el cual su orden
tiene prohibido el contacto con mujeres, y el monje ayuda a una mujer a cruzar
un rio en presencia de su aprendiz. Pero su aprendiz se llena de dudas, de
preguntas y de tormentos mentales por lo que ha sucedido. Después, cuestiona a
su maestro y este le contesta que el dejo a la mujer en el rio, mientras que su
aprendiz seguía cargándola consigo. El maestro no la traía consigo en mente, el
solo se prestó de buena voluntad para ser de utilidad para otra persona,
mientras que los pensamientos del aprendiz se empecinaron en lo sucedido.
Las emociones tienen su utilidad y pueden enriquecer nuestra experiencia
del mundo si sabemos cómo apreciarlas y cuando limitarlas. Es algo de lo que
nosotros, meros mortales, somos capaces de hacer dada la dedicación adecuada.
Sin embargo, queda aún por decir que esto no me permite deshacerme de
todos mis defectos, sigo en mi proceso personal de desarrollo, formación y
cumplimiento con la misión. Lo que si me permite es librarme de las
inseguridades por experiencias que salieron mal o que estuvieron simplemente
fuera de mi control, pero aun así me afectaron, además de muchas otras cosas.
Esto me da un margen grande de libertad, para poder cumplir con la misión aún
mejor, en parte porque ya no perderé tiempo en ciclos emocionales y en parte porque…
¿Si he podido logrado esto, que vendrá después?
Tengo deberes que hacer. No esperéis una anotación pronto. Pero tened
certeza de que no es la última.